Los regalos de Reyes del niño Miguel


Es posible que no conozcas este texto. Pero no pases de largo. Párate unos minutos…

Hoy es día 27 de diciembre, y ya estoy ahíta de comer, y de regalos (algunos, hasta repetidos). Sí, de regalos. Tengo muchas más cosas de las que necesito, como casi todas las personas que conozco. En mi casa somos muy regaladores, y cuando el día de Navidad nos encontramos en casa de mi madre con ese despliegue de paquetes, suelo ponerme triste, y sé por qué.

Desde que empiezan las Navidades, allá por octubre, con los primeros turrones y guirnaldas de espumillón en los grandes almacenes, me viene a la cabeza, y no se me va, este poema de Miguel Hernández. Me asalta muy frecuentemente cuando compro papel de envolver, cuando hago cola en la pescadería, cuando dudo entre este disfraz o este juego para los pequeños de casa…

Este poema, publicado por primera vez en el diario Ayuda, el 2 de enero de 1937, nos sacude con un recuerdo infantil del Miguel Hernández. Un acontecimiento que debería ser gozoso para cualquier niño, la llegada de los Reyes Magos, se convierte en una amargo lamento, y una dura queja contra los que se muestran ajenos a la miseria de gran parte de la población. Hace casi un siglo que fue escrito, pero hoy… sigue habiendo demasiados niños Miguel.

Pienso mucho en este poema. De Miguel Hernández, “Las desiertas abarcas”.

Las desiertas abarcas

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabreroalbarcas
a la ventana fría.
Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.
Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

Poemas sueltos IV. Poesías completas.
Madrid: Aguilar, 1979, pp. 517-518
.

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5 thoughts on “Los regalos de Reyes del niño Miguel

  1. juanperera6 3 enero, 2016 / 1:21 pm

    Hola Mavi, siento como mías tus reflexiones y no se puede decir de una manera más tierna y dura a la vez. Me parece muy oportuno que hayas hecho esta entrada y tanto por la temática, como por tus palabras y por el poema de Miguel Hernández, deberíamos darle la máxima difusión para despertar tantas conciencias dormidas por las digestiones de tanto cava y tanto turrón.

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    • mavibenito 3 enero, 2016 / 11:25 pm

      En efecto, Juan, emocionante en su ternura y en su verdad tristísima. Es un o de mis “clásicos” en Navidad. Voy a decir, con todo el corazón, que por desgracia. Gracias por tus palabras de estímulo y espuela para las conciencias que aún están vivas.

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